23 de agosto de 2013

El miedo

Desde el comienzo, siempre estuvo el miedo. Toda la vida me ha acompañado y, aunque crea que se ha ido, jamás se ha alejado de mí. Sólo ha cambiado de forma, ha cambiado el motivo para temer o la manera en que lo he enfrentado, pero el miedo nunca me ha abandonado.
Al principio y durante la mayor parte de mi vida, tuve el miedo a que me descubrieran. Que alguien se diera cuenta lo que yo realmente era, lo que de verdad sentía en mi interior. No quería que se notara nada por ese miedo irracional a lo que podía pasar… En ese tiempo ni siquiera soñaba con lograr lo que he logrado en mi vida hasta ahora y para mí el futuro no era nada más que algo desalentador. Le tenía tanto miedo al rechazo, a la burla, al desamparo… Creía que una persona como yo no tenía lugar en este mundo y que si no podía ser como yo quería, pues tenía que intentar ser como el resto quería, como se suponía que tenía que ser. Pero ahí asomó otro miedo que era aún peor: el miedo a ser infeliz, el miedo a traicionar mi propia esencia y a ser una persona vacía. Mucho tiempo después me di cuenta que esto era más aterrador, porque era algo que seguro pasaría. No había duda de que si seguía actuando iba a terminar explotando por esa infelicidad… y nuevamente volvía el miedo al rechazo, a la burla, al desamparo…
Vivir fingiendo no es fácil, es complicado medir cada uno de tus pasos y creer que al menor error te descubrirán. Me acuerdo que me aterraba que me descubrieran la ropa, que me pillaran el historial de internet con todos los foros y páginas sobre transexualidad. ¿Por qué no me atreví en ese momento a hacer lo que sí me atreví 14 años después? Supongo que como dije al principio, el miedo no te abandona, pero sí cambias tú lo suficiente como para poder enfrentarlo. El día que lo conté por primera vez casi me morí del miedo. Me sentía pésimo y vomité durante todo el viajé a Concepción cuando fui a ver a mis papás para darles la gran noticia. Pese a todo eso, saqué valor de no sé dónde y les conté todo lo que había guardado por miedo durante tantos años. Sin embargo, y aunque me había sacado todo ese peso de encima, el miedo continuaba… ¿Por qué, si ya había hecho lo que había temido durante toda mi vida? Porque el miedo no me abandona, sólo cambia. Ahora se había transformado en el miedo a lo que venía, el miedo a averiguar si estaba haciendo lo correcto.
Generalmente se dice que el ser humano le tiene miedo al cambio, a lo desconocido. Nos educan para que seamos conservadores, para que nos quedemos con algo seguro que ya tenemos y no queramos apostar a algo más. Pero en mi situación era distinto: no era feliz con lo que tenía, así que tenía que apostar todas mis fichas a lo que yo creía que iba a ser mi felicidad. Hoy, pasados los años, veo que no me equivoqué. ¡Es que era una apuesta segura! Sólo que el resto no la veía así… En ese tiempo la incertidumbre era cosa de cada día y mis propios padres se encargaban de mantenerla fresca: ¿qué vas a hacer con tu trabajo?¿cómo vas a sobrevivir?¿qué van a decir tus hermanos?¿tus amigos?¿crees que vas a poder vivir una vida normal siendo lo que eres? Había dado el primer paso, el que dicen es el más difícil, pero no es más que eso: sólo un paso. Y uno no llega a ninguna parte si no camina el camino completo. Así que una y otra vez fui enfrentando todos esos miedos e incertidumbres. Le dije a mis hermanos y todo salió bien. Le dije a mis amigos y todo salió bien. Lo anuncié en el trabajo y todo salió aún mejor.
Cualquiera pensaría que si he superado tantos miedos durante mi vida y me he enfrentado a ellos de manera valiente, a estas alturas ya no debería tener miedo o por lo menos debería saber que no saco nada con tenerlo porque nunca se sabe como saldrán las cosas. Hasta ahora todo lo relacionado con mi proceso trans me ha salido bastante bien, no me puedo quejar. Se me han dado las cosas más fáciles que a muchas y muchos otros. Pero, sin embargo, parece que me he acostumbrado al miedo y no estoy tranquila si no es con esa gota de temor dentro de mí. Quizás eso es lo que nos mueve y nos hace superarnos, porque pensándolo bien ¿qué gracia tiene vivir si no tenemos que enfrentarnos a nuestros miedos, si no tenemos esa satisfacción de haberlos vencido?

Yo he cambiado, así como mis miedos. Varios de los que alguna vez tuve ya están en el pasado y hoy no son más que anécdotas, pero más de uno se mantiene como señal de que todavía no está todo hecho, de que me queda mucho por vivir. El miedo al rechazo o a estar sola siguen ahí y son difíciles de enfrentar para una mujer trans. El miedo a que nadie me quiera por ser lo que soy es algo que trato de sacarme de la cabeza e incluso me atrevo a aconsejar a otras que lo olviden, pero no puedo negar que siempre está rondando. El miedo a la violencia, a que me peguen o me maten a la vuelta de la esquina sólo por ser yo
misma
es algo que me aterra. Pero de todas formas, me enfrento a estos miedos… no me quedo encerrada en mi departamento sin salir por temor a que alguien se dé cuenta que soy trans, ni tampoco me he cerrado al amor, siempre siendo sincera con mi realidad y estando orgullosa de lo que soy. Creo que éstas es la manera como tengo que enfrentar estos miedos que vivo en el presente y quizás algún día mire hacia atrás y me de cuenta una vez más que todo valió la pena, que todo salió bien.

1 comentario:

  1. Amiga, como dices el miedo siempre está presente y éste va mutando (como nosotros xD). Lo importante es que nunca estarás sola porque nuestra amistad, vecina mía, es la raja. Y si tienes miedo de alguien, tú me decí no más y hacemos que parezca un accidente.... te adoro!

    ResponderEliminar